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Voto de chilenos en el exterior: ¿calculadora electoral o principios democráticos?

24 marzo, 2013

Escrito por Sebastián Molina – Damián Trivelli, miembros del Movimiento Fundamental, columna publicada en El Canillita

Siempre en los períodos previos a elecciones presidenciales y legislativas emergen una serie de temas que duermen actualmente en el Parlamento. Uno de ellos es el proyecto de ley que permitiría votar a ciudadanos chilenos que viven en el extranjero. Por increíble que parezca,  todavía no existe un acuerdo transversal para que más de un millón de chilenos puedan ejercer su derecho cívico a sufragio.
La discusión no deja de ser interesante, el no otorgar ese derecho a nuestros compatriotas en el exterior es ciertamente un veto a su calidad como ciudadanos, categoría que la dictadura de Augusto Pinochet ya había suspendido a los exiliados en las décadas del 70’ y el 80’.
El gobierno de Michelle Bachelet ingresó una reforma electoral que incluía el voto voluntario, la inscripción automática y el sufragio en el extranjero. En el gobierno de Sebastián Piñera se aprobaron los 2 primeros, sin embargo, el voto para los compatriotas que viven fuera del país quedó rezagado y finalmente fue sacado de discusión. La agravante recae sobre el actual presidente Piñera quien como candidato se comprometió con este tema, reuniéndose incluso con chilenos que viven en España y Suecia. De la mano de esta misma presión, en su cuenta anual del 21 de mayo de 2012 sacó el tema al tapete, condicionándolo a aquellos connacionales que tuviesen “un compromiso y un sentido de pertenencia con nuestra nación”, lo que en la práctica sólo otorgaba el derecho a aquellos chilenos que hubieran estado en territorio chileno al menos una vez en los últimos cinco años. Aún así, hasta la fecha seguimos sin proyecto de ley.
Condicionar este derecho cívico a mantener algún tipo de relación concreta con la patria no hace más que ignorar el sentido del Código Civil, el cual establece deberes y derechos para mantener nuestra calidad de ciudadanos, independiente del lugar donde nos encontremos. Esta discusión, pone en evidencia una vez más la incapacidad de sectores de nuestra clase política para conceder derechos civiles y democráticos sin mirar la calculadora política.
La coalición conservadora que hoy gobierna Chile, y específicamente la UDI, temen profusamente que este más de un millón de chilenos incline la balanza electoral hacia el progresismo, razón por la que se han opuesto permanentemente a aprobar una ley sin letra chica. Por su parte, la Concertación deberá  nuevamente incluirlo en sus propuestas programáticas, teniendo que doblar esfuerzos (y virtudes) para aprobarlo en un próximo gobierno y no quedar nuevamente en deuda con su electorado.
En tiempos en que gran parte de la ciudadanía ha dejado de confiar en la clase política como catalizadores de sus demandas y se ha volcado a las calles para acelerar los procesos de cambios que el país necesita, se hace urgente que las construcciones democráticas estén por sobre los intereses políticos. Aprobar el voto de chilenos en el extranjero debe ser libre y sin condiciones, simplemente porque es un imperativo ético y moral.
Mientras sectores conservadores de nuestra clase política sigan legislando y actuando en función de sus propios intereses y no basados en los principios democráticos de la participación, será muy difícil que los chilenos que residen en el extranjero puedan tener el derecho básico del derecho a voto que todo ciudadano chileno debería tener.

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